La "Generación del NI-NI"

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ni-niHace unos días leía un demoledor informe emitido UGT que sentenciaba que, según han resumido posteriormente titulares de la prensa, "uno de cada cuatro jóvenes ni estudia ni trabaja" haciendo referencia al fenómeno social de los llamados "generación del Ni-ni" , ("ni" estudia, "ni" trabaja), como si el asunto tratase de un chiste con dudosa gracia al que ya nos tienen acostumbrados las programaciones de tarde en más de una cadena televisiva. La cosa no será de broma cuando el INE (Instituto Nacional de Estadística") también les tiene asignados su propia nomenclatura "los desanimados".


El caso es que, huyendo de las frivolidades a las que nuestra sociedad es tan dada, estamos ante una tragedia que enormes consecuencias para nuestro país y nuestros jovenes. Si bien es cierto que ahora los "Ni-ni" son exclusivamente una carga económica para sus familias, las cuales la soportan de forma más o menos acertada, también lo es que dentro de unos años, cuando la pirámide de la edad productiva se invierta, dejando estos jóvenes de serlo (con todo lo que ello implica social y psicológicamente para el individuo), y pasando los que hoy les proporcionan el sustento, a subsistir de sus merecidas pensiones, la bomba social retardada explotará y será del todo insostenible y muy probablemente irresoluble.

El fenómeno del "Ni-ni" más allá de haberse visto agravado por una política económica inexistente, por una política laboral profundamente injusta y arcaica y una política cultural absolutamente decadente (conjunto que desalienta al más pintado y que nos encamina directamente hacia una versión venezolana a la europea), no podemos achacarlo exclusivamente a las decisiones de los que manejan las riendas del país, debemos buscar su origen en el seno educativo de las familias y los valores que estas transmiten a sus hijos.

Un concepto equivocado del valor del trabajo y del esfuerzo, donde se prima la diversión y el éxito fácil, donde se espera recibir antes de dar y donde los padres, en un celo de proteccionismo generamos personas egocéntricas y sin iniciativa, que tiran la toalla sin siquiera haber subido al ring y que reciben aquello que no han ganado y que, por desgracia nunca serán capaces de ganar.

Son por tanto tan necesarias la reflexión interna en el seno de las familias sobre los valores que inculcamos a nuestros jóvenes, como las reformas estructurales en el mercado laboral. Cuestiones todas ellas que sólo se conseguirán en primer lugar a través del reconocimiento público y social del trabajo y del esfuerzo como valores fundamentales del individuo dentro de la sociedad (destinando los recursos económicos que esos apoyos conlleven). En segundo lugar estableciendo sistemas (como lo fue en el pasado la figura del aprendiz) que mejoren su formación y les permita integrarse al trabajo en las empresas. Por último, y no menos importante, garantizando a las empresas la máxima flexibilidad en los ajustes en sus plantillas y al mínimo coste posible, transmitiéndoles confianza en la apuesta que indudablemente les corresponde hacer si queremos un futuro para nuestros hijos.



Comentarios de los lectores

NickFechaComentario
pepema 22-08-2010

La culpa será también de ellos mismos digo yo, es muy facil que la culpa siempre sea de otro. Los jovenes de hoy quieren mucho y trabajar poco

Meditalind@ 17-08-2010

Hol@, y sigo y sigooo, deben ser remordimientos femeninos que son mucho más creativos que los del otro sexo según mi experiencia. Yo no tengo hijos a Dios gracias, pero me independicé muy jovencita y fue con un sobreesfuerzo brutal y trabajando como una negra (es un decir no le busqueis connotaciones) pero lo recuerdo con mucha ilusión. Mis padres siempre me enseñaron que lo que vale cuesta,...

Totalmente de acuerdo con esta editorial, aunque me consta que hay muchos jovenes profundamente deprimidos por esta cuestión hoy, así que no tendremos que esperar mucho para ver las tristes consecuencias de esta falta de valores social y esta demagogia gubernamental.